jueves, 20 de febrero de 2025

Acerca de la ternura I

Bálsamo de almas, pequeño refugio.

Tibieza de pluma, aroma de vainilla y cocido con pan.

Subestimada en fortaleza y curadora de penas.

Es que la ternura es tiernita, es chiquita, es mágica en su andar.

Y es tímida pero no pasa desapercibida. 

¿Qué sería de la tierra sin ella? ¿Qué nos haría diferentes de las bestias? 

Eddy Raquel Ortiz Chaparro.

Ensoñación

Imagen propia


Traigo una luciérnaga en la garganta, que quedó atorada en la sorpresa de un sueño.

Lleva la calidez de su luz hasta un lado izquierdo de mi pecho, que está irascible, pequeño, muerto.

Temo abrir la boca y dejar escapar mi esperanza. 

Temo rememorar y morir de nuevo.

El espejo me habla, me grita, me escupe la verdad. 

Y me vuelvo una sorda consciente.

Eddy Raquel Ortiz Chaparro

viernes, 30 de agosto de 2024

Finales y comienzos (31-08-2024)

Hoy, finalmente, tiré la espada ante mi mayor enemigo.

Un monstro gigante, de siete cabezas y un tronco podrido.

Bajé los brazos y caí de rodillas 

en un césped acuarela que parece girar a contrarreloj.

No me pude desencallar aún del lodo de las oraciones,

de los poemas inconclusos que se enroscan en mi cuello,

ni de esas canciones que resuenan en mi cabeza

 como piedras en un frasco de vidrio a punto de quebrarse.

 

Estoy llena de grietas.

Las heridas, finalmente, quedaron expuestas

al destaparse una última fallida esperanza 

cobijada en una promesa de sábado

para una charla que jamás ocurrió,

hasta desvanecerse por completo hoy.

 

Me volví ermitaña durante casi dos meses.

Aprendí sobre la paciencia y la introspección.

Esas reinas que no eran inalcanzables como pensaba.

 

Admito que le tuve tanto miedo a la oscuridad, 

al silencio y a la desolación.

En noches en las que mi mente en desespero

repasaba, al ritmo de un marcapasos,

el ciclo de una gardenia.

Desde su amanecer,

su suave aroma que permaneció durante seis inviernos

hasta volverse rancia.

 

Parece que no he muerto aún.

Sigo respirando,

mi pulso no desfallece a pesar de la limerencia.

 

Hay rostros que me sonríen como si nada pasara,

intentando convencerme de que así es, 

de que sigo viva y que debo dar gracias.

 

A decir verdad, no es que algo haya cambiado, en realidad. 

Las madrugadas siguen llenas de insomnio, 

me abrazo a paredes frías

en las que resuena el eco de plegarias absurdas. 

 

Y las mañanas son exactamente iguales entre sí;

un mate, una noticia trágica, una manzana, un café

y un calendario que ya no está marcado en el día uno.
Excepto por "eso" que ya no está.

 

Me pregunto si en algún momento existió todo aquello en lo que creía.

Suelo flotar de vez en cuando en un trance de irrealidad. 

He intentado conectar con mis raíces, 

con mis pequeños sueños, 

con ese Dios que me salvó tantas veces de caer al vacío. 

Pero es un señor muy ocupado,

 seguramente por eso aún no me responde.

 

Hasta hoy me abstuve de escribir un poema concluyente,

a la espera de no sé qué, de algo.

Pero ya llegó su tiempo.

Me dicen que los finales realmente son comienzos. 

Yo quiero creer que sí. 

Antes pensaba que los finales eran felices. 

Qué zoncera.

 

Mientras tanto, voy reverdeciendo

entre letras de trovas sepulcrales, 

como si su candidez recorriera mis venas, 

en medio de la escarcha que recrudeció el jardín

hasta hacerme valorar las hojitas nuevas de septiembre.

 

Y es que el despertar de un coma inducido me inmoviliza todavía,

pero camino sostenida con fuerza,

en huesos rotos que se están volviendo de platino, 

tal como siempre me lo exigían.

 

En algún momento decidí emprender mi propio viaje astral 

sin el cordón de plata.

 

En esta reminiscencia de mi mundo interior, 

ese pequeño paisaje colorido 

que había cubierto de cemento y cal 

para encajar en un cementerio,

 con timidez se asoma nuevamente.

 

La melancolía se volvió ese huésped inesperado

que vino a vacacionar

y finge demencia para no irse,

y a mí me apena echarla a la calle.

 

Y en este pozo sin fondo, 

estoy abrazando con fuerza un dolor 

que me permitió soltar un sufrimiento agonizante en el que desaparecía.

 

Después de todo, no era tan débil. 

Parece que sí había algo valioso dentro de mí,
una sinrazón que pude rescatar.

Y esta fuerza interior, 

esta pequeña chispa 

que ponía resistencia a tantas incongruencias y desprecios, 

a la devaluación, a la manipulación,

a la indignidad a punto de normalizarse;

esa intuición que debía ser "tratada" para evitar incomodar a otros,

hoy se volvió mi fuerza y me puso a salvo.

 

Eddy Raquel Ortiz

 


viernes, 23 de octubre de 2020

A MI AGUA DE POZO

A alguien que fue muy especial



Parece que existís entre el cielo y las nubes, etéreo, ligero como el aire, de rostro de algodón y palabras amables. Te miro ahí, con una sonrisa tierna siempre, con la calma que no muestra miedos ante las tormentas, como un refugio tibio donde nada malo podría pasar jamás. Sos el día soleado y me intriga tanto tu noche, esa oscuridad aterciopelada que guardás para alguna ocasión especial, distinta a cualquiera.

Te amo en las mañanas, durante el ritual del desayuno que preparás con tanto amor, como un obsequio invaluable que se gana en tu amanecer de voz ronca y ojitos somnolientos.

Te amo en las tardes, cuando el sol se sienta a observarnos escondido, intimidado por tu timidez y el arco de tus cejas que tienen la forma perfecta, a cada lado de tu ceño que no fruncís ni en un mal día.

Te amo en la noche, en tu noche, en la oscuridad de tus pensamientos, en el temblor de tus sentimientos y en tus pesadillas, cuando el miedo se apodera levemente de tus ojos, pero sacás fuerzas de no sé dónde, y te secás las lágrimas y seguís valiente como sos todo el tiempo. Incluso en la debilidad de ser tan humano.

Y amo también tus madrugadas insomnes, donde despierta a veces esa musa que no te deja dormir, y te dedicás al arte de robar la atención, tallando cada historia de principio a fin.

Te amo a cualquier hora del día y te extraño en los espacios en que no estás, porque tu huella quema en cada paso, porque desde que te conozco no hago más que quererte, que extrañarte, que amarte y desear tenerte cerquita.

Sigue pareciéndome extraordinario encontrarte, escucharte hablar de tus sueños, observarte en medio de la bondad que irradiás sin darte cuenta siquiera de todo lo que representás con tu sencillez.

Mi amado, mi pedacito de cielo, mi corazoncito dulce. No me alcanzan las palabras, no me alcanza el tamaño del alma para expresar todo el amor que siento por vos.

miércoles, 28 de febrero de 2018

LA MADRUGADA SE QUIERE CONFESAR




















En sus inoportunas horas,
asoma a  mi ventana y busca compañía,
solitaria y agradable como es.
La invito a pasar,  y
nos sentamos juntas
al borde del insomnio,
como dos amigas y confidentes
que comparten una taza de tiempo.

La madrugada conversa conmigo,
pone cara de pícara, al principio,
su brisa me quiere contar algo.
Se vuelve tímida, sonrosada,
eufórica por aquello que guarda,
como una vecina que tiene
una gran novedad.

Susurra, un poco sonriente,
algunas observaciones
sobre su convenio con la ansiedad.
Se lamenta, angustiada,
algo harta, tal vez,
de escuchar plegarias,
llantos y promesas
que escapan de sus manos
y se diluyen en el día,
cuando ella no está.

Entre los nubarrones de mis bostezos,
sacudo mis pestañas e intento
prestarle la debida atención.

Da vueltas en trivialidades:
Como el búho que la ignora,
y las ranas que le croan en el oído
hasta la desesperación,
Porque no la dejan bañarse de luna,
ni vestirse de constelaciones
como ella quiere, en paz.

De pronto, sin notarlo,
su expresión se vuelve sombría,
severa, asfixiante.
Es un manojo de miedos,
feroz y agobiante donde se refleje.
Aparta su mirada y se entrecorta su voz,
sabe que busco respuestas del amanecer,
y le frustra no poder darlas.

Decepcionada,
me reprende
por cargar en sus hombros
todas las decisiones que bebo a sorbos,
por escudarme en su narcotizante efecto,
y cobijarme en su calma después.
Mi apreciada amiga noctámbula,
sincera y transparente,
libertina y recatada,
me recuerda que ella es madrugada,
y que, aunque tenga visiones,
el sol que está por asomarse
le ciega el porvenir que jamás me revelará.

Ya son las cinco, le digo;
Entonces la despido,  somnolienta,
hasta que la pesadumbre
de alguna congoja
nos vuelva cobijar con su fría presencia.


Eddy Raquel Ortiz Chaparro.

jueves, 1 de febrero de 2018

COMPOSICIÓN DE UN POEMA


Hay un hálito de luz 
que se pierde entre matorrales frondosos, 
tejidos en bastidores de irrealidad.

Se deshilachan los puntos tejidos,

anémicos de amor, 
en una pandemia de decepciones 
que no les deja inspirar.
La pequeña luz gatea
veloz , sobre las nubes.
Surca el cielo en su tabla de surf,
 se abre paso en la mar.

Luz naranja, 

luz luminosa.
Sabionda, curiosa.
Pequeño venado
atorado en la copa de vino
de un árbol añejo.

Luz culpable de ser,

culpable de sentir,
de caer.

Huye

del estigma de su brillo,
se aprisiona
en aletas de peces globo.
Sabe que no quiere salir del claustro,
permanece silenciosa,
ausente, dolorida.

Sabe que la noche la persigue.

La está cazando.
Va de sol a luciérnaga,
de réquiem a chiste,
entre altibajos y bajialtos.

Se arroja por la ventana,

dice que acabará con todo.
Cae en una hamaca de cuatro hilos,
sus huecos la delatan,
se refleja en el charco.

En la corrida

desordena sus ideas
para ordenar su vacío.
Se vuelve tenue,
sumergida en las horas,
cansina, 
titilante,
débil,
insegura en su arrastre.

No sabe que hay que descomponer

para componerse.
Vuelve a la superficie,
inhala una bocanada de valentía.
Se siente ciega en primavera.
No resiste
a la sombra que la intimida.

Y vuelve a nacer,

a reconstruirse de aromas,
de miedos,
de intensidad.

Y vuelve a ser luz,

en el bloc de una oficina.
Como astro en el anonimato
que, a oscuras, se gana la vida.



Eddy Raquel Ortiz Chaparro.

Se vende humo. No se fía, no insista

Jaime Sabines decía que aquellos tontos enamorados jugaban a tatuar el humo y a no irse. Y puede que en su época esos individuos de buen cor...